Marrakech: Los bereberes

Viaje inesperado, poco planificado, primer viaje en pareja, primer país árabe. Marrakech significó muchas cosas para mí, muchas primeras veces. Los viajes en pareja son como una prueba de fuego. 24 horas al día juntos, durante varios días: el desastre acecha.

 

Llegamos al aeropuerto y vimos un montón de taxis, cogimos uno y preguntamos cuánto costaría más o menos, a lo que el taxista contestó 50 dírhams. A Julio le parecía caro, pero yo no estaba dispuesta a tostarme bajo el sol a la espera de que alguien nos hiciera precio. Cuando llegamos al hotel, dada la distancia, no me pareció caro el taxi. Más tarde descubrí que llevarnos al hotel fue lo mejor que le pudo pasar ese día al taxista. A mí me resulto gracioso, pero a Julio le costó un poco más digerir que nos timaran nada más llegar.

IMG_3826

El hotel estaba algo lejos de Marrakech. Era un hotel de estilo familiar, con piscina, pistas de tenis y actividades varias para no tener realmente que salir del hotel. Los jardines eran enormes y desde el balcón de la habitación, parecía realmente un oasis. La habitación no estaba mal, el color de las paredes y el mobiliario giraba en torno al melocotón y verde agua, una combinación de colores que yo nunca habría imaginado, pero que de alguna manera funcionaban bien con el ambiente de la habitación. El baño sin embargo era un desastre. Creo que deberían de hacer obligatorio el uso de mamparas en los hoteles, las cortinas de ducha me recordaban a las pelis americanas de los años noventa, en las que los protagonistas se escapan y se esconden en un motel de carretera.

Después de comer, decidimos ir a dar una vuelta por los alrededores (sí, a las 4 de la tarde y a unos 36 grados). Andando, andando, acabamos en un pueblecito muy humilde.

IMG_3835

La gente se paraba a mirarnos. Se me ocurrió que la gente del pueblo probablemente iba a la ciudad a menudo y que debían de coger otro medio de transporte, y no un taxi (en el hotel nos habían dicho que la única manera de ir a la ciudad era en taxi). Vimos un taller de motos y preguntamos. Me sorprendió que casi nadie hablase francés, y los pocos que lo hablaban, realmente no eran capaces de decir mucho. Por suerte, los gestos son universales, y al final conseguimos que nos guiaran hasta el centro del pueblo donde estaba el mercado. Una vez allí, vimos un ultramarinos, decidimos entrar y preguntar si sabían cómo llegar a Marrakech (además estábamos muertos de sed y los precios eran una décima parte de lo que nos pedían en el hotel por cualquier bebida). El hombre nos explicó como pudo donde estaba la parada del autobús, y para allá que nos fuimos. La parada era en realidad un grafiti en árabe en la pared, pero al ver a tantas mujeres y niños esperando, dimos por supuesto que era ahí. Nos sentamos y no tardaron mucho en llegar los niños. Nos hablaban en árabe, se reían, y los más pequeños nos querían tocar el pelo. Les parecía muy gracioso nuestro aspecto. Fue en esa parada de autobús donde conocí a mi familia adoptiva bereber. Fatiha estaba esperando el autobús junto con su hija adolescente Aisha, las amigas de su hija y una de sus sobrinas. Aisha y sus amigas nos intentaban hablar en francés, mientras que Fatiha nos hablaba en árabe convencidísima de que la entenderíamos. Para ella era súper evidente lo que nos quería decir y nos miraba con cara de sorpresa cuando le hacíamos gestos de que no la entendíamos (Jamás oí a Fatiha decir una sola palabra en francés, me resultó curioso, sobretodo porque estoy segura de que lo entiende un poco. Siempre me he preguntado si es una rebelde que se niega a hablar la lengua de los antiguos colonizadores. Me encantaría que fuese el caso) Subimos al autobús juntos y nos dijeron que nos bajáramos en la misma estación que ellas si queríamos ir a la Medina. Nos bajamos cuando nos dijeron, les agradecimos la ayuda e hicimos nuestro camino.

IMG_3867

Después de unas 4 horas en Marrakech visitando el mercado (del que creí que nunca más volvería a salir), tomando té y haciéndonos acosar por los mercaderes decidimos que era hora de volver al hotel. Fuimos a la misma estación y supusimos que solo tendríamos que coger el mismo tren pero en dirección contraria (craso error). Después de unos 10 minutos dando vueltas en la estación de autobús e intentando encontrar la lógica en el sistema marroquí de transporte, alguien me cogió la mano. Me giré y era Aisha con sus amigas. Nos indicaron que las acompañáramos y gracias a ellas pudimos volver al pueblo. Me regalaron unos anillos y una pulsera que habían comprado en el mercado y la madre insistió en que fuéramos a cenar a su casa esa noche (como podéis imaginar, Fatiha no acepta un no por respuesta).

Cuando llegamos al pueblo, aun había gente en la calle pese a ser de noche, y no paraban de mirarnos y de gritar cosas a Aisha y a sus amigas, que me habían agarrado del brazo y parecían estar súper emocionadas de ir con una negra por el pueblo. Ahí fue cuando apareció el hijo adoptivo de Julio, Omar. Omar estaba jugando al futbol con sus amigos cuando vio aparecer a todas las mujeres de su familia con un par de negros. Dejó el balón y se puso al lado de Julio. Nunca había conocido a alguien que hablara tanto como Omar, no paraba de preguntarle cosas a Julio en árabe, y como Julio no le entendía, se reía y jugaba con él. Omar resultó ser el hermano pequeño de Aisha.

Llegamos a su casa, nos acomodamos todos y empezamos a hablar. Si, a hablar, no podría explicar exactamente cómo, pero manteníamos conversaciones en semi-francés, árabe y muchos gestos. Se había corrido la voz y toda la gente del pueblo se metía en casa de Fatiha para vernos. Tanto se corrió la voz, que el padre se enteró y volvió a casa para ver qué era lo que estaba pasando. Cuando llegó Julio y yo nos tensamos un poco, pensamos que podría molestarle nuestra presencia, sobre todo la de Julio, teniendo en cuenta que eran todo mujeres. Enseguida nos sonrió y comenzó a preguntarnos como habíamos acabado allí. Hablaba muy bien francés puesto que había trabajado durante años en Francia. Ahora se encontraba en una silla de ruedas debido a una enfermedad degenerativa. Me sorprendió su dulzura y su manera tan fina de gesticular cuando hablaba. Nos explicó que eran bereber y que la hospitalidad era muy importante para ellos. Omar no paraba quieto, estaba demasiado emocionado de tener a Julio en casa. El padre se reía y le pedía con una sonrisa que se calmara un poco, pero al minuto volvía a la carga. Nos ofrecieron pan, olivas, algunos dulces, y té. Fatiha no dejaba a los niños comer y les reñía cada vez que cogían un trozo de pan, quería ser una buena anfitriona y asegurarse de que comíamos bien. Al cabo de una hora, la mitad del pueblo ya había venido a vernos y conocíamos a todos los primos de Aisha y Omar. Eran los mismos que habíamos visto en moto por el pueblo esa misma tarde. Cuando nos quisimos dar cuenta, era súper tarde y teníamos que volver al hotel. Fatiha pidió a sus sobrinos que nos acompañaran y nos invitó a comer couscous al día siguiente.

IMG_3909

Durante el camino, tuvimos la oportunidad de averiguar cómo era la vida de los jóvenes en Bêlekid. Ibrahim nos contaba que quería irse al extranjero pero que probablemente acabaría trabajando en uno de los hoteles de los alrededores como todo el mundo. Era entretenido estar con ellos a solas. Sin la presencia de los mayores, se sentían más libres, ponían rap árabe en el móvil e incluso hablaban de chicas (hablaban más bien con Julio sobre eso, yo solo escuchaba mientras miraba las estrellas para disimular). Cuando llegamos al hotel, ya era más de media noche, los guardias nos miraban perplejos preguntándose probablemente de donde veníamos y además con esos chicos del pueblo.

Al día siguiente, pasamos la mañana tomando el sol y bañándonos en la piscina hasta que llegó la hora de comer. Nos vestimos y comenzamos nuestro paseo a Bêlekid. Fatiha había preparado cuscús con verduras y pollo de corral. Lo comimos con leche recién ordeñada. Ese día, había en la casa un primo que no habíamos conocido aun y que hablaba algo de francés. Nos contaba que tenía una novia española que se llamaba Carla, y me preguntaba cada cinco minutos si la conocía. Julio y yo no podíamos parar de reír mientras nos contaba que se quería ir a España y casarse con ella. Después de la comida, los chicos se llevaron a Julio a un ciber-café y al bar del pueblo. Yo me quedé con las chicas y me hicieron henna en los pies y en las manos. Me decían que era tradición cuando una iba a casarse, que a ver si así me animaba y me casaba con Julio. Fue muy divertido. Si la hubiese dejado, Fatiha me habría llenado de henna.

IMG_4016

Los chicos volvieron al cabo de unas dos horas para la merienda. Julio me contaba riéndose que la novia española de la que hablábamos durante la comida, vivía en realidad en México y que él se dedicaba a enviar a su querida Carla emoticonos bonitos y frases traducidas de google sin sentido. Fatiha sacó dulces marroquíes y café.  A los niños se les ocurrió que podíamos ir de excursión por las montañas de los alrededores. Justo antes de irnos, apareció otra prima. Esta tenía 18 años y hablaba muy bien francés. Estaba en primer año de derecho y había trabajado en el hotel donde nos hospedábamos hasta antes de empezar la universidad hacía menos de una semana. La chica se ofreció a acompañarnos y a hacernos de guía con los niños. Antes de que nos fuéramos, Fatiha nos llevó a visitar a su suegra, una señora muy pequeñita y que tenía ovejas en la entrada.  Aún recuerdo la cara del padre, como insinuando a su mujer que estaba siendo pesada, pero con una sonrisa porque creo que justamente eso es parte del encanto de Fatiha.

 

Visitamos todo el pueblo. Las casas las construyen ellos mismos y cada una tiene un número, esa es la única manera de orientarse si eres de fuera. Las calles son estrechas e irregulares y hay pequeños comercios de ultramarinos, algún que otro bar para los hombres, alguna tienda de utensilios para la casa, tiendecitas de ropa, y muchos talleres de motos, el método de transporte favorito entre los jóvenes. Pasamos delante del colegio, pero la prima nos explicó que la mayoría de los niños del pueblo no se podían permitir ir a ese colegio y nos indicaron el camino de más de media hora que seguían los niños para ir al colegio cada día. Andamos durante al menos dos horas, subiendo y bajando pequeñas montañas mientras se ponía el sol.  Julio y Omar lanzaban piedras mientras las chicas me sacaban fotos y me enseñaban a posar.

FullSizeRender (10)

Cuando volvimos, Fatiha riñó a sus hijos por tenernos tanto rato andando por las montañas. Nos pidió que nos sentáramos y nos sacó pan, olivas y té. Los niños se olvidaban de comer, estaban demasiado excitados contándoles a sus padres todo sobre nuestra excursión. De repente apareció otro de los sobrinos de Fatiha. Debía tener unos 35 años y recuerdo que no me gustaba nada su aspecto, a diferencia de toda la gente que había conocido hasta entonces. Su presencia, de forma muy sutil, cambió el ambiente por completo. Parecía tener ganas de hablar, y sin que nosotros le preguntáramos nada, nos empezó a contar que había estado casado con una francesa pero que la había dejado para volver a Marruecos y que jamás volvería a casarse con una europea. Nosotros le escuchábamos con poco interés mientras hacíamos muecas a los niños.

Un poco cansados del discurso del sobrino, anunciamos que era hora de volver al hotel. Omar no quería que Julio se fuera y Fatiha nos ofreció que nos quedáramos a dormir, que nos íbamos a aburrir nosotros solos en el hotel. Recuerdo pensar en ese momento -Dios, creo que adoro a esta señora-. Pese a que era muy amable por su parte, preferimos volver al hotel, el discursito del sobrino sobre los numerosos defectos de las europeas se estaba volviendo repetitivo y ligeramente ofensivo para mí. Omar quería asegurarse de poder vernos al día siguiente, bueno más bien de verle, porque Julio le interesaba mucho más que yo y no le culpo. Se lo pasaba genial con él, le seguía el juego en todo y a veces era más infantil que el propio Omar. Para asegurarse de volver a vernos, Omar propuso que fuéramos todos juntos al día siguiente al mercado de la Medina. – ¡A 2h Marrakech! – Gritaba cada dos minutos. Nos despedimos de todo el mundo y paseamos hasta el hotel. Me encantaba pasear por la noche en Marruecos. La luna brillaba con fuerza y podíamos ver las estrellas.

Al día siguiente, como habíamos prometido, fuimos al mercado con Fatiha, Aisha, Omar y una de las sobrinitas que no quería quedarse en el pueblo mientras todos íbamos al mercado. Con Fatiha al lado, ya no teníamos que regatear, yo le daba dinero y ella negociaba con el mercader. Era muy entretenido verla negociar, enfadarse e irse de los puestos cuando el precio no la convencía. Nos llevó a los zocos más humildes, donde la gente con pocos recursos compra. Descubrimos que, dadas las temperaturas tan altas de Marrakech, todos los mercaderes tenían linajas con agua y te ofrecían de beber si preguntabas. Así fue como conseguimos pasar varias horas en los zocos sin deshidratarnos. Julio quería comprarle un balón de futbol a Omar, pero pese a dar vueltas y vueltas, no encontramos ninguno. Aunque nos conocíamos desde hacía solo un par de días, tenía bastante confianza con Aisha que paseaba cogida de mi mano. Le dije que podía elegir un regalo, que quería comprarle alguna cosa y agradecerle todo lo que había hecho por nosotros. Creo que se negó unas veinte veces, pero notó que no iba a desistir, así que finalmente me pidió que le comprara un pijama. No pude ocultar mi cara de incredulidad (no podía entender que una niña de 15 años me pidiera un pijama como regalo). Se rio, me dijo que era lo que le hacía falta y no quise insistir más. Eligió un pijama rosa con margaritas. Su madre se enfadó con ella y me intentó coger la mano para que no pagara. Notó en mi cara que iba a pagar ese pijama más tarde o más temprano, así que hizo una mueca de desacuerdo y nos dejó estar. Compramos helados y un globo para la pequeña y salimos del mercado. Como ya estaba anocheciendo, Fatiha dijo que era hora de volver a casa, pero era nuestra última noche en Marruecos y Julio y yo queríamos aprovechar un poco. Les acompañamos a la parada de taxi y les dimos dinero para volver. Fatiha agitaba la cabeza en desacuerdo, pero los niños y nosotros éramos demasiados contra ella. Nos despedimos con un abrazo y miramos como se alejaban en el taxi.

IMG_4075

Una vez solos, decidimos ir a cenar a la plaza de Jemaa el Fna. Por la noche, la plaza se llena de puestos de comida ambulante, con mesas alargadas y taburetes, donde puedes degustar comida marroquí por menos de 10 euros. El estilo es como el del mercado, casi todos los puestos tienen la misma comida y se hacen la competencia a gritos. Julio pidió mucho pescado frito porque le recordaba a Brasil y un montón de acompañamientos, yo opté por un tajín de cordero. Conversé un rato con los camareros mientras Julio intentaba terminarse todo lo que había pedido para no oírme luego (Julio tiene tendencia a comer con los ojos y a mí me enseñaron de pequeña que la comida no se tira). Cuando terminó, nos fuimos a dar un paseo con el pelo oliendo a barbacoa. Paseamos un rato por los alrededores en busca de una tienda que vendiese balones. Pese a que las tiendas cierran muy tarde en Marrakech, no tuvimos suerte y Julio algo frustrado, propuso que volviéramos al hotel. Al día siguiente teníamos que volver a la fría realidad de Paris.

Nos despertamos pronto para desayunar y darnos el ultimo chapuzón en la piscina. Nos arreglamos y llamamos a un taxi. Una vez en el taxi, le pregunté al señor si conocía Bêlekid y le pedí por favor que parara en el pueblo y nos esperara unos minutos mientras nos despedíamos de unos amigos. El taxista estaba algo molesto. Se paró en el mercado del pueblo con cara de pocos amigos y mirando a su alrededor con desprecio. Julio y yo fuimos en búsqueda de la casa de Fatiha. Como nunca habíamos ido a la casa desde ese punto, nos perdimos y tuvimos que preguntar. Como nadie hablaba francés, decidimos solo repetir Fatiha una y otra vez, lo que entendieron enseguida. Cerca de la casa, vimos a una de las Amigas de Aisha, que estaba ayudando a su madre en la tienda. Nos sonrió y la madre con un gesto tierno le dio permiso para acompañarnos. Cuando nos quisimos dar cuenta, teníamos a más de veinte niños detrás riendo curiosos por saber qué hacíamos allí. Cuando llegamos, Fatiha y su hija estaban en la puerta hablando con otras mujeres (Aisha llevaba el pijama que le había comprado el día anterior). Se alegraron de vernos y nos presentaron a las mujeres. Faltaban el padre que estaba en el bar y Omar que estaba en el colegio. Repartí entre las niñas mis anillos y pulseras para que tuvieran un recuerdo de mí y Julio le dejo una pulsera a Fatiha para que se la diese a Omar de recuerdo. Nos abrazamos y volvimos al mercado del pueblo donde nos esperaba el taxista enfadado. Julio y yo le sonreíamos forzadamente y nos excusábamos, aunque creo que no le convencimos porque no volvió a abrir la boca hasta que llegamos al aeropuerto.

Una vez en el aeropuerto, todo fue descoordinación e improvisación. Las pantallas no funcionaban, nadie contestaba a nuestras preguntas y era imposible saber dónde embarcar. Julio se desesperaba, pero yo estaba súper tranquila, había llegado a cogerle el gusto a Marruecos y a su lado impredecible. Además, estaba convencida de que tarde o temprano llegaríamos a Paris, y así fue. Con una hora de retraso, durante la cual Julio me ponía la cabeza con su indignación, embarcamos y nos pusimos en rumbo a Paris, al frio, a las prisas.

Marruecos es calor, agobio, desorganización, amabilidad, sonrisas, curiosidad, generosidad y muchas cosas más. La familia de Fatiha, con quien tuvimos la suerte de compartir este viaje, son gente súper humilde pero increíblemente hospitalaria. Lo poco que tienen lo comparten sin esperar nada a cambio y gracias a ellos no vivimos el Marrakech glamuroso, de discotecas caras y ambiente ostentoso; descubrimos el país de verdad, su gente y su cultura.

okokoko

Fatiha es una matriarca fuerte y luchadora que cuida de sus hijos y de su marido con una sonrisa. Es una mujer que no conoce ningún lujo y que aún así se siente afortunada, bendecida. Realmente, esa mujer me hizo plantearme un par de cosas sobre mi misma.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s